La neuritis óptica es una inflamación del nervio óptico que puede provocar una disminución rápida de la visión, dolor al mover el ojo y cambios en la percepción de los colores. Aunque puede aparecer a cualquier edad, es más frecuente entre los 20 y los 40 años y afecta más a las mujeres que a los hombres.
Se estima que cada año se diagnostican aproximadamente entre 1 y 5 casos por cada 100.000 habitantes, aunque su incidencia varía según la población estudiada. En la forma típica, suele afectar a un solo ojo y la pérdida visual progresa durante horas o días. El dolor ocular es uno de sus síntomas más característicos: los estudios clásicos sobre neuritis óptica señalan que aparece en alrededor del 90 % de los pacientes, especialmente al mover el ojo.
La neuritis óptica puede presentarse como un episodio aislado, pero también puede estar relacionada con enfermedades desmielinizantes, autoinmunes, inflamatorias o infecciosas. En determinadas personas constituye la primera manifestación de la esclerosis múltiple, aunque sufrir una neuritis óptica no implica necesariamente que esta enfermedad vaya a desarrollarse.
El pronóstico de la forma desmielinizante típica suele ser favorable. La mayoría de los pacientes comienza a notar mejoría durante las primeras semanas y recupera gran parte de la agudeza visual en los meses siguientes. Sin embargo, pueden persistir alteraciones más sutiles en la percepción de los colores, la sensibilidad al contraste o la visión con poca iluminación.
Por todo ello, una pérdida repentina de visión acompañada de dolor ocular requiere una valoración especializada. El diagnóstico permite confirmar si el nervio óptico está afectado, descartar otras causas potencialmente graves y determinar si es necesario realizar un estudio neurológico.
¿Qué es la neuritis óptica?
El nervio óptico está formado por más de un millón de fibras nerviosas que transportan la información visual desde la retina hasta el cerebro. Cuando estas fibras se inflaman, la transmisión de las señales visuales se altera y pueden aparecer visión borrosa, pérdida de nitidez, dolor ocular o colores menos intensos.
La neuritis óptica puede presentarse de forma aislada o estar asociada a enfermedades neurológicas, autoinmunes, inflamatorias o infecciosas. En algunos pacientes constituye la primera manifestación de una enfermedad desmielinizante, por lo que su estudio puede requerir la colaboración entre oftalmología, neurooftalmología y neurología.
¿Qué ocurre cuando se inflama el nervio óptico?
En muchos casos, la inflamación afecta a la mielina, la capa que recubre y protege las fibras del nervio óptico y facilita la transmisión rápida de los impulsos nerviosos. Este proceso, denominado desmielinización, dificulta que la información captada por el ojo llegue correctamente al cerebro.
La alteración puede afectar a la agudeza visual, la percepción de los colores, la sensibilidad al contraste y el campo visual. La intensidad es variable: algunas personas experimentan una pérdida leve, mientras que otras sufren una reducción importante de la visión en pocos días.
¿Cómo afecta la neuritis óptica a la visión ?
La pérdida visual suele desarrollarse durante horas o días y puede continuar progresando durante una o dos semanas. No todos los pacientes perciben la alteración de la misma manera: algunos describen una neblina general, mientras que otros observan una mancha oscura en el centro de su visión.
También puede producirse una reducción de la sensibilidad al contraste. Esto significa que la persona puede ser capaz de leer determinadas letras durante la exploración, pero tener dificultades para distinguir objetos con poca diferencia de luminosidad respecto al fondo.
En ocasiones, la visión empeora temporalmente al realizar ejercicio, tener fiebre, ducharse con agua muy caliente o exponerse a temperaturas elevadas. Este fenómeno se conoce como fenómeno de Uhthoff. No siempre indica una nueva inflamación, pero debe comunicarse al especialista.
¿Puede afectar a uno o a ambos ojos?
La presentación más habitual de la neuritis óptica desmielinizante típica en adultos es la afectación de un solo ojo. Sin embargo, también puede aparecer en ambos ojos, simultáneamente o con un intervalo de tiempo entre uno y otro.
La afectación bilateral es más frecuente en niños y en determinadas enfermedades, como el trastorno del espectro de la neuromielitis óptica o la enfermedad asociada a anticuerpos contra MOG.
Cuando la pérdida visual es bilateral, muy intensa, recurrente o presenta una evolución diferente a la esperada, es especialmente importante ampliar el estudio para identificar la causa.
¿Qué significa que la inflamación sea retrobulbar?
La neuritis óptica retrobulbar afecta a la parte del nervio óptico situada detrás del globo ocular. En estos casos, el fondo de ojo puede mostrar un aspecto aparentemente normal al comienzo, a pesar de que el paciente presente dolor, pérdida de visión o alteraciones en la percepción de los colores.
Los estudios sobre neuritis óptica típica indican que aproximadamente dos de cada tres pacientes no presentan inflamación visible del disco óptico durante la fase inicial. Esto sucede porque la zona afectada se encuentra detrás del ojo y no puede observarse directamente mediante el examen del fondo ocular.
Por tanto, un fondo de ojo normal no permite descartar por sí solo una neuritis óptica. Cuando la inflamación alcanza la porción visible del nervio puede aparecer hinchazón de la papila óptica, conocida como papilitis.
Relación con la esclerosis múltiple
La neuritis óptica puede ser una de las primeras manifestaciones de la esclerosis múltiple, una enfermedad en la que el sistema inmunitario daña la mielina del sistema nervioso central. Sin embargo, tener una neuritis óptica no significa necesariamente que la persona padezca o vaya a desarrollar esta enfermedad.
El seguimiento a 15 años del Optic Neuritis Treatment Trial encontró que alrededor del 50 % de los pacientes estudiados desarrolló esclerosis múltiple durante ese periodo. No obstante, el riesgo dependía en gran medida de los resultados de la resonancia magnética inicial:
- Cuando no se encontraron lesiones cerebrales en la resonancia, el riesgo a 15 años fue aproximadamente del 25 %
- Cuando existía una o más lesiones compatibles con desmielinización, el riesgo ascendió aproximadamente al 72 %
Estas cifras proceden de una población seleccionada con neuritis óptica típica y no pueden aplicarse automáticamente a todos los pacientes. La edad, las características del episodio, la exploración y los resultados de las pruebas modifican el riesgo individual.
Síntomas de la neuritis óptica
Los síntomas suelen aparecer de manera rápida y alcanzar su máxima intensidad en el transcurso de varios días. Las manifestaciones más características son la disminución de la visión, el dolor ocular con los movimientos, la pérdida de intensidad de los colores y determinados defectos del campo visual.
Ante una pérdida repentina de visión, especialmente si está acompañada de dolor, es recomendable solicitar una valoración médica urgente. Existen otras enfermedades de la retina, del nervio óptico o de la circulación ocular que pueden producir síntomas parecidos y requieren un abordaje diferente.
Pérdida o disminución de la agudeza visual
La reducción de la agudeza visual es uno de los síntomas principales. Puede consistir en una ligera pérdida de nitidez o llegar a dificultar considerablemente la lectura, el reconocimiento de caras o la percepción de objetos.
Habitualmente afecta a la visión de un solo ojo y progresa durante varios días. La magnitud inicial de la pérdida no permite predecir por sí sola cuánto se recuperará posteriormente.
En algunos pacientes, la disminución es leve y se detecta principalmente al comparar un ojo con el otro. En otros casos puede producirse una pérdida visual intensa, aunque la ceguera completa es poco habitual en la neuritis óptica desmielinizante típica.
Dolor ocular, especialmente al mover el ojo
El dolor alrededor o detrás del ojo es muy frecuente. Los datos del Optic Neuritis Treatment Trial mostraron que aproximadamente el 92 % de los pacientes presentó dolor ocular y que, en la mayoría, este empeoraba con el movimiento del ojo.
En algunos pacientes el dolor aparece antes de que resulte evidente la pérdida visual. Puede mantenerse durante varios días y suele disminuir a medida que mejora la inflamación.
No todas las neuritis ópticas provocan dolor. Su ausencia, sobre todo cuando existen otros signos poco habituales, puede llevar al especialista a investigar diagnósticos alternativos.
Alteraciones en la percepción de los colores
Los colores pueden verse más apagados, grisáceos o menos brillantes a través del ojo afectado. La pérdida de intensidad del color rojo es una manifestación especialmente característica, aunque pueden alterarse otras tonalidades.
Esta reducción de la visión cromática puede ser desproporcionada respecto a la agudeza visual. Una persona puede leer correctamente varias líneas del optotipo y, sin embargo, percibir diferencias importantes de color entre ambos ojos.
Por ello, la exploración de la visión cromática aporta información relevante sobre el funcionamiento del nervio óptico.
Cambios en el campo visual
La neuritis óptica puede producir diferentes defectos en el campo visual. Uno de los más frecuentes es el escotoma central, una zona borrosa u oscura situada en el centro de la visión.
También pueden aparecer defectos difusos o pérdidas parciales en otras áreas. El tipo de alteración se estudia mediante una campimetría y puede evolucionar a medida que disminuye la inflamación.
¿Cómo ve una persona con neuritis óptica?
Una persona con neuritis óptica puede percibir la imagen como si mirara a través de un cristal empañado. Es habitual que la visión pierda definición, que una parte del campo visual aparezca oscura y que los colores parezcan menos vivos.
La experiencia varía según la zona del nervio afectada y la intensidad de la inflamación. No existe, por tanto, una única forma de ver con neuritis óptica.
Visión borrosa y pérdida de nitidez
Los objetos pueden parecer desenfocados incluso utilizando la graduación habitual. Esta visión borrosa no suele corregirse simplemente cambiando las gafas, ya que el problema no se encuentra en el enfoque del ojo, sino en la transmisión de la información visual hacia el cerebro.
La persona también puede notar más dificultades en ambientes con poca luz, ante imágenes con bajo contraste o al pasar de un espacio iluminado a otro más oscuro.
Zonas oscuras o pérdida de parte del campo visual
Algunos pacientes describen una mancha fija en el centro de la visión. Otros perciben que falta una zona de la imagen o que determinadas partes se ven más oscuras.
Estos defectos pueden interferir en actividades como leer, conducir o trabajar frente a una pantalla. Su localización y extensión deben medirse con una prueba específica del campo visual.
Colores menos intensos y alteración del contraste
El ojo afectado puede percibir los colores con menor saturación. Al comparar ambos ojos por separado, un objeto rojo puede parecer rojo intenso con el ojo sano y marrón, rosado o apagado con el afectado.
También puede resultar más difícil distinguir los límites entre objetos de tonalidades parecidas. Estas alteraciones pueden persistir durante algún tiempo incluso después de haber mejorado la agudeza visual.
¿Cuáles son las causas de la neuritis óptica?
La neuritis óptica no tiene una única causa. Puede estar asociada a enfermedades desmielinizantes, trastornos autoinmunes, procesos inflamatorios o determinadas infecciones. En otros casos, tras realizar el estudio indicado, no se identifica una enfermedad responsable.
Reconocer la causa es importante porque el tratamiento, el pronóstico y el riesgo de recurrencia no son iguales en todos los tipos de neuritis.
Enfermedades desmielinizantesdel campo visual
La esclerosis múltiple es la enfermedad desmielinizante más conocida en relación con la neuritis óptica. De hecho, entre el 15 % y el 20 % de las personas con esclerosis múltiple presenta una neuritis óptica como primera manifestación, y hasta aproximadamente la mitad puede experimentar algún episodio a lo largo de la enfermedad.
La inflamación también puede aparecer en el trastorno del espectro de la neuromielitis óptica, asociado en muchos casos a anticuerpos contra la acuaporina 4, y en la enfermedad relacionada con anticuerpos contra la glicoproteína de la mielina de los oligodendrocitos, conocida como MOGAD.
Estas enfermedades presentan diferencias en cuanto a gravedad, afectación de uno o ambos ojos, probabilidad de recaída y respuesta al tratamiento. El cuadro clínico, la resonancia magnética y determinados análisis permiten orientar el diagnóstico.
Enfermedades autoinmunes e inflamatorias
Algunas enfermedades sistémicas pueden inflamar el nervio óptico, como el lupus eritematoso sistémico, la sarcoidosis o ciertos tipos de vasculitis.
En estos casos pueden existir síntomas en otros órganos, episodios recurrentes o características diferentes a las de una neuritis óptica típica. La historia clínica y las pruebas complementarias se adaptan a las circunstancias de cada paciente.
Infecciones y otras posibles causas
Determinadas infecciones bacterianas o víricas pueden producir inflamación del nervio óptico. Entre las causas que el equipo médico puede valorar se encuentran la sífilis, la tuberculosis, la enfermedad de Lyme y algunas infecciones víricas, dependiendo de los antecedentes, síntomas y factores de riesgo.
También existen neuropatías ópticas de origen vascular, tóxico, nutricional, hereditario o compresivo que pueden parecerse a una neuritis óptica. Diferenciarlas es esencial, ya que no comparten el mismo tratamiento ni el mismo pronóstico.
Casos en los que no se identifica una causa
En algunas personas, el estudio no permite encontrar una enfermedad subyacente. Se habla entonces de neuritis óptica idiopática.
Aunque no se identifique una causa inicial, el oftalmólogo puede recomendar controles periódicos. La evolución visual, la aparición de nuevos síntomas y los resultados de las exploraciones ayudan a decidir si es necesario repetir o ampliar el estudio.
¿Cómo se diagnostica la neuritis óptica?
El diagnóstico se basa en los síntomas, la evolución y los resultados de diferentes exploraciones. No existe una única prueba que confirme todos los casos.
Las pruebas oftalmológicas permiten evaluar la agudeza visual, las pupilas, la visión cromática, el campo visual, la retina y el nervio óptico. Dependiendo de los hallazgos, pueden solicitarse una OCT, una resonancia magnética, potenciales evocados visuales o análisis específicos.
Exploración oftalmológica y fondo de ojo
La evaluación comienza con una historia clínica detallada: momento de aparición, velocidad de progresión, presencia de dolor, episodios anteriores y posibles síntomas neurológicos o generales.
Durante la exploración se estudian:
- La agudeza visual
- La respuesta de las pupilas
- La percepción de los colores
- La sensibilidad al contraste
- El fondo de ojo
Cuando solo está afectado un ojo puede detectarse un defecto pupilar aferente relativo, un signo que indica una transmisión desigual de la información luminosa entre ambos ojos.
El disco óptico puede aparecer inflamado, pero también puede tener un aspecto normal si la neuritis es retrobulbar.
Estudio del campo visual
La campimetría permite localizar y medir las zonas del campo visual con menor sensibilidad. Puede detectar un escotoma central, defectos parciales o una disminución más generalizada.
Además de contribuir al diagnóstico, esta prueba ayuda a comparar la evolución durante el seguimiento y a documentar la recuperación funcional.
OCT del nervio óptico
La tomografía de coherencia óptica u OCT obtiene imágenes de alta resolución de la retina y del nervio óptico. Permite medir la capa de fibras nerviosas y las células ganglionares, estructuras que pueden experimentar cambios después de una neuritis.
En la fase aguda, la interpretación debe realizarse dentro del contexto clínico, especialmente si existe inflamación del disco óptico. Con el paso del tiempo, la OCT puede mostrar una reducción del grosor de las fibras nerviosas y ayudar a valorar las posibles secuelas.
Resonancia magnética y potenciales evocados visuales
La resonancia magnética de las órbitas con contraste puede mostrar inflamación en el nervio óptico. La resonancia cerebral permite comprobar si existen lesiones compatibles con un proceso desmielinizante y ayuda a estimar el riesgo de esclerosis múltiple.
Los potenciales evocados visuales registran la respuesta eléctrica del cerebro ante determinados estímulos visuales. Un retraso en la conducción puede indicar una alteración de la mielina, incluso cuando la agudeza visual se ha recuperado.
Según las características del caso, también pueden solicitarse análisis de sangre, estudios de anticuerpos específicos, una punción lumbar u otras pruebas neurológicas.
Tratamiento de la neuritis óptica
El tratamiento depende de la causa, la gravedad, la afectación de uno o ambos ojos y las características clínicas y radiológicas. Por este motivo, no debe iniciarse un tratamiento con corticoides sin una valoración médica y un diagnóstico adecuado.
Algunas neuritis ópticas típicas evolucionan favorablemente sin tratamiento, mientras que las formas atípicas pueden necesitar una intervención rápida y un seguimiento más estrecho.
¿Todas las neuritis ópticas necesitan tratamiento?
No todas requieren tratamiento farmacológico inmediato. En una neuritis óptica desmielinizante típica, la visión puede comenzar a mejorar espontáneamente después de varias semanas.
Sin embargo, puede ser necesario tratar cuando la pérdida visual es importante, están afectados ambos ojos, existe una enfermedad asociada o las características del cuadro hacen sospechar una forma atípica.
La decisión debe individualizarse y considerar tanto la exploración ocular como los resultados de las pruebas complementarias.
Tratamiento con corticoides en casos seleccionados
Los corticoides administrados a dosis elevadas pueden acelerar la recuperación visual en determinados pacientes. El Optic Neuritis Treatment Trial mostró que el tratamiento intravenoso permitió una recuperación inicial más rápida, pero no produjo diferencias importantes en el resultado visual final a largo plazo de la neuritis óptica típica.
La pauta, la vía de administración y la duración dependen del diagnóstico y deben ser prescritas y supervisadas por un especialista. La automedicación puede enmascarar otras enfermedades, producir efectos adversos o resultar inadecuada ante ciertas infecciones.
En formas graves o asociadas a determinadas enfermedades inmunológicas pueden considerarse otros tratamientos, como el recambio plasmático, siempre bajo control hospitalario y multidisciplinar.
Tratamiento de la enfermedad que está provocando la neuritis
Cuando la neuritis está relacionada con una infección, una enfermedad autoinmune o un trastorno desmielinizante, es necesario tratar también la causa de fondo.
En pacientes con esclerosis múltiple, neuromielitis óptica o MOGAD, neurología puede valorar tratamientos destinados a prevenir nuevos episodios. La coordinación entre especialistas resulta fundamental para proteger la visión y controlar la enfermedad sistémica.
¿Se recupera la visión después de una neuritis óptica?
La mayoría de las personas con una neuritis óptica desmielinizante típica experimenta una mejoría visual significativa. La recuperación suele comenzar durante las primeras semanas y puede continuar durante seis meses o incluso más tiempo.
Los estudios de seguimiento del Optic Neuritis Treatment Trial mostraron que, al cabo de un año, más del 90 % de los ojos afectados había recuperado una agudeza visual de 20/40 o mejor, equivalente aproximadamente a una agudeza decimal de 0,5 o superior.
A pesar de recuperar una buena agudeza visual, algunas personas mantienen alteraciones leves en la percepción de los colores, el contraste, la profundidad o la visión con poca iluminación. El pronóstico puede ser menos favorable en las formas atípicas, recurrentes o asociadas a determinadas enfermedades.
La evolución de cada paciente es diferente. Por ello, los controles permiten comprobar la recuperación y detectar posibles secuelas o signos que indiquen la necesidad de ampliar el estudio.
Diagnóstico y seguimiento de la neuritis óptica en Oftálica
Ante una pérdida rápida de visión, dolor con los movimientos oculares o cambios llamativos en la percepción de los colores, es importante realizar una valoración oftalmológica sin demora. Estos síntomas no deben atribuirse únicamente al cansancio, a la graduación o al uso de pantallas.
En Oftálica estudiamos la función visual, el campo visual, la retina y el nervio óptico mediante las exploraciones indicadas en cada caso. Cuando los hallazgos lo requieren, el estudio puede completarse con pruebas de imagen y valoración neurológica para identificar el origen de la inflamación y establecer un seguimiento personalizado.
La experiencia del equipo médico, la tecnología diagnóstica y la coordinación entre especialidades son aspectos esenciales en el manejo de esta enfermedad. Estas son algunas de las razones por las que Oftálica ha sido reconocida como una de las opciones de referencia al buscar la mejor clínica oftalmológica en España.
Un diagnóstico temprano permite distinguir la neuritis óptica de otras causas de pérdida visual, valorar su posible relación con una enfermedad general y adoptar las medidas necesarias para cuidar la visión a corto y largo plazo.




