Autofluorescencia ocular: qué es, para qué sirve y cómo se realiza

La autofluorescencia ocular, también denominada autofluorescencia del fondo de ojo o FAF, es una técnica de imagen no invasiva que permite estudiar el estado funcional de la retina y, especialmente, del epitelio pigmentario de la retina. Para obtener las imágenes utiliza la fluorescencia natural de determinadas sustancias presentes en los tejidos oculares, por lo que no requiere inyectar ningún contraste.

Esta prueba resulta especialmente útil para detectar, delimitar y seguir alteraciones relacionadas con la degeneración macular asociada a la edad, la enfermedad de Stargardt, la retinosis pigmentaria y otras distrofias hereditarias de la retina. En algunos casos, los cambios en la autofluorescencia pueden aparecer antes de que las lesiones resulten claramente visibles durante una exploración convencional del fondo de ojo.

Las imágenes muestran un mapa de áreas con diferente intensidad de autofluorescencia. Las zonas más brillantes se denominan hiperautofluorescentes, mientras que las más oscuras se describen como hipoautofluorescentes. Estos patrones ayudan a identificar áreas sometidas a estrés, acumulación de determinados materiales, pérdida celular o atrofia.

Sin embargo, una imagen más brillante o más oscura no constituye por sí sola un diagnóstico. Los resultados deben interpretarse teniendo en cuenta los síntomas, la exploración del fondo de ojo y otras pruebas complementarias, como la tomografía de coherencia óptica (OCT).

¿Qué es la autofluorescencia ocular?

La autofluorescencia ocular es una técnica fotográfica especializada que registra la luz emitida de manera natural por determinadas moléculas del fondo de ojo después de ser estimuladas con una longitud de onda concreta.

Su principal fuente de señal es la lipofuscina acumulada en el epitelio pigmentario de la retina, aunque la imagen también puede estar influida por otros pigmentos y estructuras. La cantidad y distribución de esta señal proporciona información indirecta sobre la actividad metabólica y la integridad de las células retinianas.

¿En qué consiste esta técnica de imagen?

Durante la prueba, el equipo proyecta una luz de una longitud de onda determinada sobre la retina. Algunas sustancias presentes en los tejidos absorben esa energía y emiten una luz de menor intensidad y diferente longitud de onda.

El sistema capta esta emisión y genera una imagen en escala de grises o con colores asignados digitalmente. Así se crea un mapa de autofluorescencia del fondo de ojo.

La modalidad más utilizada es la autofluorescencia de onda corta, que refleja principalmente la distribución de la lipofuscina. También existe la autofluorescencia cercana al infrarrojo, más relacionada con la señal procedente de la melanina del epitelio pigmentario y de la coroides.

A diferencia de la angiografía fluoresceínica, la autofluorescencia no necesita la administración intravenosa de fluoresceína.

¿Qué estructuras del fondo de ojo permite estudiar?

La autofluorescencia permite evaluar principalmente:

  • El epitelio pigmentario de la retina
  • La mácula
  • La retina posterior
  • La retina periférica, cuando se utilizan equipos de campo amplio
  • La distribución de pigmentos y productos derivados del metabolismo celular

El epitelio pigmentario es una capa esencial para el mantenimiento de los fotorreceptores, las células que captan la luz. Entre otras funciones, participa en la renovación de los segmentos externos de conos y bastones, el transporte de nutrientes y la eliminación de productos residuales.

La autofluorescencia no muestra directamente todas las capas de la retina. Su valor se encuentra en la información funcional que aporta sobre el epitelio pigmentario y en la distribución topográfica de las alteraciones.

¿Qué información aporta sobre la retina?

La prueba permite identificar cambios en la acumulación de lipofuscina, áreas de estrés celular, pérdida del epitelio pigmentario y zonas en las que la señal queda bloqueada por sangre, pigmento u otros materiales.

También ayuda a:

  • Delimitar áreas de atrofia
  • Observar la distribución de una distrofia retiniana
  • Comparar ambos ojos
  • Documentar cambios a lo largo del tiempo
  • Identificar patrones característicos de determinadas enfermedades
  • Seleccionar las zonas que requieren un estudio más detallado mediante OCT

Su principal ventaja es que ofrece una visión panorámica del estado metabólico del epitelio pigmentario. No obstante, debe interpretarse junto con otras exploraciones porque diferentes enfermedades pueden producir patrones parecidos.

Enfermedad de Wilson

La autofluorescencia y la OCT son pruebas no invasivas, pero aportan información diferente y complementaria.

La autofluorescencia genera un mapa bidimensional basado en la señal natural de determinados pigmentos. Permite observar dónde existen cambios metabólicos, acumulación de lipofuscina o pérdida del epitelio pigmentario.

La OCT, en cambio, utiliza ondas de luz para obtener cortes transversales de alta resolución. Muestra la estructura de las diferentes capas de la retina y permite detectar líquido, alteraciones en los fotorreceptores, membranas, desprendimientos o zonas de atrofia.

En términos sencillos:

  • La autofluorescencia muestra la distribución y actividad de determinados pigmentos y tejidos
  • La OCT muestra la arquitectura y el grosor de las capas de la retina

Una zona anormal en la autofluorescencia puede estudiarse después mediante OCT para conocer qué cambios estructurales existen en esa localización.

Diferencias entre autofluorescencia y tomografía de coherencia óptica

La enfermedad de Wilson es un trastorno hereditario que altera la eliminación del cobre. Este mineral se obtiene a través de la alimentación y es necesario en pequeñas cantidades para el funcionamiento del organismo. El problema aparece cuando el cobre sobrante no puede eliminarse correctamente.

En una persona sana, el hígado incorpora parte del cobre a determinadas proteínas y elimina el exceso mediante la bilis. En la enfermedad de Wilson, este proceso falla y el metal comienza a acumularse primero en el hígado y posteriormente en otros órganos.

La enfermedad puede ocasionar:

  • Inflamación, fibrosis o cirrosis hepática
  • Insuficiencia hepática
  • Temblores, rigidez o movimientos involuntarios
  • Dificultades para hablar o tragar
  • Alteraciones de la coordinación
  • Cambios de conducta, ánimo o personalidad
  • Anemia hemolítica

El anillo de Kayser-Fleischer puede ayudar a orientar el diagnóstico, pero no aparece en todos los pacientes, especialmente en niños o personas con una afectación exclusivamente hepática

¿Para qué sirve la autofluorescencia ocular?

La autofluorescencia se utiliza para detectar, caracterizar y seguir enfermedades que afectan a la retina, la mácula y el epitelio pigmentario.

No sustituye a la exploración oftalmológica ni a otras técnicas de imagen, pero puede revelar información que no siempre resulta evidente en una fotografía convencional del fondo de ojo.

Estudio del estado del epitelio pigmentario de la retina

El epitelio pigmentario desempeña un papel fundamental en la supervivencia y funcionamiento de los fotorreceptores. La acumulación de productos residuales o la pérdida de sus células modifica el patrón normal de autofluorescencia.

La lipofuscina se forma, en parte, como resultado del procesamiento de los segmentos externos de los fotorreceptores. Cuando aumenta su acumulación, la señal puede intensificarse. Si las células del epitelio pigmentario desaparecen, la señal suele reducirse o quedar ausente.

Por ello, la autofluorescencia ofrece un mapa indirecto de la salud y actividad del epitelio pigmentario.

Detección de alteraciones antes de que aparezcan cambios visibles

En algunas enfermedades retinianas, las alteraciones metabólicas pueden producir modificaciones en la autofluorescencia antes de que el daño se observe con claridad mediante una exploración convencional.

Esto no significa que la prueba pueda anticipar cualquier enfermedad ocular, pero sí puede ayudar a detectar áreas sospechosas o una extensión mayor de la inicialmente apreciada.

En las distrofias hereditarias, por ejemplo, la autofluorescencia puede mostrar patrones característicos incluso cuando determinados cambios del fondo de ojo todavía son discretos.

Seguimiento de enfermedades de la retina

La captura periódica de imágenes permite comparar la forma, superficie y distribución de las zonas alteradas.

El especialista puede valorar si:

  • Aparecen nuevas áreas
  • Aumenta una zona de atrofia
  • Cambia el patrón alrededor de una lesión
  • La enfermedad permanece estable
  • Existen diferencias en la evolución de ambos ojos

Para que la comparación sea fiable, las imágenes deben obtenerse con una técnica estandarizada y, cuando sea posible, con el mismo tipo de equipo.

¿Qué enfermedades pueden estudiarse con autofluorescencia?

La autofluorescencia resulta útil en numerosas enfermedades retinianas. Su indicación es especialmente frecuente cuando se sospecha una alteración del epitelio pigmentario, de los fotorreceptores o del metabolismo visual.

El patrón observado no suele ser exclusivo de una sola enfermedad. Por tanto, el diagnóstico se establece combinando la imagen con la exploración, la OCT, los antecedentes familiares y, cuando está indicado, pruebas electrofisiológicas o genéticas.

Degeneración macular asociada a la edad

En la degeneración macular, la autofluorescencia puede ayudar a evaluar el estado del epitelio pigmentario y a delimitar áreas de atrofia geográfica.

Las zonas atróficas suelen verse hipoautofluorescentes debido a la pérdida de células del epitelio pigmentario. Alrededor de ellas pueden aparecer patrones de autofluorescencia aumentada o irregular que reflejan cambios en el tejido circundante.

La prueba también permite medir y comparar la extensión de la atrofia en revisiones sucesivas. De hecho, la autofluorescencia se utiliza en investigación y ensayos clínicos para analizar la progresión de la atrofia geográfica asociada a formas avanzadas de degeneración macular.

En la degeneración macular exudativa, la sangre, el líquido y otros materiales pueden modificar o bloquear la señal. En estos casos, la OCT y la angiografía pueden aportar información más específica sobre la actividad de la enfermedad.

Distrofias hereditarias de la retina

Las distrofias hereditarias constituyen un grupo amplio de enfermedades causadas por alteraciones genéticas que afectan a los fotorreceptores, el epitelio pigmentario u otras células de la retina.

La autofluorescencia puede mostrar:

  • Anillos de señal aumentada
  • Áreas de pérdida de autofluorescencia
  • Patrones moteados
  • Alteraciones simétricas en ambos ojos
  • Cambios periféricos no visibles en una fotografía convencional

La distribución de estos patrones ayuda a caracterizar la enfermedad y a seleccionar las zonas que deben estudiarse con más detalle. Sin embargo, el patrón de autofluorescencia no sustituye al diagnóstico genético cuando este está indicado.

Enfermedad de Stargardt

La enfermedad de Stargardt es una de las distrofias maculares hereditarias más frecuentes. Se estima que afecta aproximadamente a una de cada 8.000 a 10.000 personas, aunque su prevalencia varía entre poblaciones.

En esta enfermedad se acumulan sustancias derivadas del ciclo visual en el epitelio pigmentario. La autofluorescencia puede mostrar múltiples lesiones hiperautofluorescentes e hipoautofluorescentes, conocidas clínicamente como flecks, además de áreas de atrofia macular.

La prueba resulta útil para:

  • Delimitar la extensión de la afectación
  • Detectar cambios fuera de la mácula
  • Documentar la evolución
  • Comparar la simetría entre ambos ojos
  • Apoyar la selección de pacientes y áreas de estudio en determinados ensayos clínicos

Las zonas oscuras suelen corresponder a pérdida o alteración avanzada del epitelio pigmentario, mientras que las zonas brillantes pueden relacionarse con una acumulación anormal de materiales. Esta interpretación siempre debe confirmarse con otras pruebas.

Retinosis pigmentaria

La retinosis pigmentaria engloba diferentes enfermedades hereditarias que producen una degeneración progresiva de los fotorreceptores. Su frecuencia conjunta se estima aproximadamente en una de cada 3.000 a 5.000 personas.

En muchos pacientes, la autofluorescencia muestra un anillo hiperautofluorescente alrededor de la mácula. Este anillo puede señalar una zona de transición entre la retina con mejor función y las áreas más afectadas.

La evolución del diámetro y la forma del anillo puede compararse durante el seguimiento. La autofluorescencia de campo amplio también permite observar cambios en la retina periférica, donde suele comenzar parte del proceso degenerativo.

Otras alteraciones de la mácula y del epitelio pigmentario

La prueba puede aportar información en otras enfermedades, como:

  • Distrofia viteliforme del adulto
  • Enfermedad de Best
  • Coriorretinopatía serosa central
  • Toxicidad retiniana por determinados medicamentos
  • Coroiditis y otras enfermedades inflamatorias
  • Cicatrices coriorretinianas
  • Maculopatías por patrón
  • Alteraciones provocadas por traumatismos o exposición lumínica
  • Algunas enfermedades que afectan al nervio óptico

La utilidad de la autofluorescencia depende de la enfermedad y de la pregunta clínica que quiera responder el especialista.

¿Cómo se realiza una prueba de autofluorescencia?

La autofluorescencia es una exploración fotográfica rápida y no invasiva. No requiere contacto con el ojo ni la administración de un colorante intravenoso.

El paciente se sitúa frente al equipo, apoya la barbilla y la frente, y mira hacia un punto de fijación mientras se captan las imágenes.

Captura de imágenes del fondo de ojo

El equipo ilumina brevemente la retina con una luz de una longitud de onda determinada y registra la señal emitida por los tejidos.

Durante la captura es importante mantener la mirada fija y evitar parpadear durante unos segundos. Pueden tomarse varias imágenes para asegurar que la mácula, el nervio óptico y las áreas de interés estén correctamente enfocadas.

Si se utiliza un dispositivo de campo amplio, es posible obtener imágenes de una superficie extensa de la retina. En otros casos se realizan varias capturas cambiando el punto de fijación del paciente.

Duración de la exploración

La toma de imágenes suele durar solo unos minutos, aunque el tiempo total puede variar si es necesario dilatar la pupila, repetir alguna captura o estudiar diferentes áreas de la retina.

La duración también depende de la capacidad del paciente para mantener la fijación y de si existen cataratas, opacidades corneales u otras condiciones que dificulten la obtención de imágenes nítidas.

¿Es necesario dilatar la pupila?

La dilatación no siempre es imprescindible, ya que algunos equipos pueden obtener imágenes a través de pupilas sin dilatar. Sin embargo, el oftalmólogo puede recomendarla para mejorar la calidad de la imagen o examinar una zona más amplia del fondo de ojo.

La necesidad de dilatación depende de:

  • El diámetro de la pupila
  • El tipo de equipo utilizado
  • La enfermedad estudiada
  • La presencia de cataratas u otras opacidades
  • La extensión de retina que deba examinarse

Si se dilatan las pupilas, puede aparecer visión borrosa de cerca y sensibilidad a la luz durante varias horas. En ese caso, puede ser aconsejable llevar gafas de sol y evitar conducir hasta recuperar una visión cómoda.

¿Es una prueba dolorosa?

La autofluorescencia no es dolorosa y no existe contacto directo con el ojo. El paciente puede notar una luz intensa o un breve deslumbramiento durante la captura, pero la sensación desaparece rápidamente.

Como no necesita una inyección de contraste, tampoco presenta los efectos adversos asociados a la angiografía fluoresceínica. No obstante, ambas pruebas tienen indicaciones distintas y una no sustituye necesariamente a la otra.

¿Qué muestran los resultados de una autofluorescencia?

Las imágenes muestran la distribución de la señal autofluorescente en el fondo de ojo. El especialista compara su intensidad, localización, simetría y relación con las estructuras observadas en la OCT y en la fotografía retiniana.

La retina sana presenta un patrón relativamente homogéneo, aunque algunas estructuras son naturalmente más oscuras. El nervio óptico, por ejemplo, no contiene epitelio pigmentario y aparece hipoautofluorescente.

Zonas de hiperautofluorescencia

Las zonas de hiperautofluorescencia son áreas que emiten una señal más intensa y aparecen más brillantes en la imagen.

Pueden relacionarse con:

  • Mayor acumulación de lipofuscina
  • Alteración del metabolismo del epitelio pigmentario
  • Estrés celular
  • Acumulación de material subretiniano
  • Pérdida de pigmento que deja pasar más señal desde tejidos profundos
  • Determinadas fases de una lesión retiniana

Una señal aumentada no significa necesariamente que las células vayan a desaparecer. Su significado depende del patrón, de la enfermedad y de los hallazgos en otras pruebas.

Zonas de hipoautofluorescencia

Las áreas de hipoautofluorescencia aparecen más oscuras porque producen menos señal o porque esta queda bloqueada.

Pueden indicar:

  • Pérdida o atrofia del epitelio pigmentario
  • Disminución de la cantidad de lipofuscina
  • Presencia de sangre
  • Acumulación de pigmento
  • Tejido cicatricial
  • Material situado delante del epitelio pigmentario que bloquea la señal

No todas las zonas oscuras son patológicas. Los vasos sanguíneos y el nervio óptico, por ejemplo, producen normalmente una señal baja.

¿Qué significado tienen los cambios en el patrón de autofluorescencia?

El significado depende de la localización, la forma y la evolución de los cambios. Un anillo brillante alrededor de la mácula puede tener una interpretación diferente a una zona oscura bien delimitada o a un patrón moteado extendido por la retina.

El oftalmólogo analiza:

  • Si la alteración afecta a uno o ambos ojos
  • Su relación con los síntomas
  • La correspondencia con la OCT
  • La presencia de atrofia, líquido o daño en los fotorreceptores
  • Los cambios respecto a imágenes anteriores
  • Los antecedentes personales y familiares

Por este motivo, el informe no debe limitarse a indicar que existe hiperautofluorescencia o hipoautofluorescencia. Es necesario interpretar qué proceso puede estar produciendo ese patrón.

¿Cuándo puede recomendar el oftalmólogo una autofluorescencia?

El oftalmólogo puede solicitar esta prueba cuando observa una alteración en la retina, cuando existen síntomas compatibles con una enfermedad macular o cuando es necesario seguir la evolución de una patología ya diagnosticada.

También puede indicarse ante antecedentes familiares de una distrofia hereditaria, incluso si los cambios iniciales son discretos.

Cambios o alteraciones detectados en el fondo de ojo

La presencia de manchas, depósitos, alteraciones pigmentarias, drusas o áreas de atrofia puede justificar un estudio mediante autofluorescencia.

La prueba ayuda a determinar si la afectación es más extensa de lo que parece durante la exploración y a diferenciar las zonas metabólicamente alteradas de aquellas donde ya existe pérdida celular.

Pérdida o distorsión de la visión central

La visión borrosa central, la aparición de una mancha fija o la percepción de líneas deformadas pueden estar relacionadas con enfermedades de la mácula.

Ante estos síntomas, la autofluorescencia puede formar parte del estudio, pero normalmente se combina con una OCT y otras exploraciones. Si la pérdida o distorsión aparece de manera repentina, es recomendable solicitar una valoración oftalmológica urgente.

Seguimiento de enfermedades retinianas

En enfermedades crónicas, la autofluorescencia permite documentar la situación inicial y compararla con exploraciones posteriores.

Puede recomendarse para seguir:

  • La extensión de una atrofia
  • La progresión de una distrofia hereditaria
  • Los cambios en el epitelio pigmentario
  • La evolución de lesiones inflamatorias
  • Una posible toxicidad medicamentosa

La frecuencia de las revisiones se adapta a la enfermedad, la edad, los síntomas y la velocidad de progresión observada.

Antecedentes de enfermedades hereditarias de la retina

Cuando existen familiares con enfermedad de Stargardt, retinosis pigmentaria u otras distrofias, el especialista puede recomendar una evaluación retiniana completa.

La autofluorescencia puede detectar patrones compatibles con una alteración hereditaria, pero no confirma por sí sola la variante genética responsable. Dependiendo del caso, el estudio puede completarse con OCT, pruebas del campo visual, electrorretinografía y análisis genético.

Estudio especializado de la retina y la mácula en Oftálica

En Oftálica realizamos un estudio individualizado de la retina y la mácula mediante las pruebas de imagen más apropiadas para cada paciente. La autofluorescencia nos permite analizar la distribución de los cambios en el epitelio pigmentario y detectar áreas que pueden requerir una valoración más detallada.

Cuando es necesario, combinamos sus resultados con la OCT, la exploración del fondo de ojo y otras técnicas diagnósticas. La información conjunta permite diferenciar los cambios estructurales de las alteraciones metabólicas y establecer un seguimiento más preciso.

En nuestra clínica oftalmológica en Alicante puedes solicitar una valoración si presentas pérdida o distorsión de la visión central, tienes antecedentes familiares de distrofias retinianas o necesitas realizar el seguimiento de una enfermedad de la retina.

La autofluorescencia no debe interpretarse de manera aislada. Su verdadero valor aparece cuando un especialista relaciona las imágenes con los síntomas, la evolución y el resto de los hallazgos oftalmológicos para obtener una visión completa del estado de la retina.

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