Distinguir entre degeneración macular, glaucoma y cataratas no siempre es sencillo, ya que las tres pueden provocar pérdida de visión con el paso del tiempo. Sin embargo, son enfermedades completamente distintas: afectan a partes diferentes del ojo, producen síntomas muy característicos y requieren tratamientos específicos.
Por eso es fundamental comprender en qué se diferencian realmente, especialmente cuando aparecen los primeros cambios visuales o cuando se sospecha de una alteración ocular. El objetivo es ayudarte a reconocer sus particularidades y entender por qué un diagnóstico preciso es esencial.
¿A qué parte del ojo afecta cada enfermedad?
Aunque estas tres patologías generan pérdida de visión, cada una afecta a una estructura distinta del ojo. Esa es la clave para entender por qué sus síntomas y su progresión son tan diferentes.
Degeneración macular - Afecta a la mácula
La mácula es la responsable de la visión central y del detalle fino. Cuando se deteriora, se pierde nitidez justo en el centro del campo visual, dificultando actividades como leer, reconocer caras o ver texturas pequeñas. La visión periférica suele mantenerse intacta, por lo que no provoca una pérdida total de visión, sino una alteración localizada.
Glaucoma - Afecta al nervio óptico
El glaucoma daña progresivamente el nervio óptico, encargado de transmitir la información visual al cerebro. Este daño suele estar relacionado con la presión intraocular elevada o con una sensibilidad especial del propio nervio. El resultado es una pérdida de visión periférica que avanza hacia el centro si no se trata, pudiendo causar daño irreversible.
Cataratas - Afectan al cristalino
Las cataratas se producen cuando el cristalino, la lente natural del ojo, se vuelve opaco. Esta opacidad no daña la retina ni el nervio óptico, pero sí reduce la claridad y nitidez de la visión. Provoca deslumbramientos, visión empañada y dificultad para ver con poca luz, afectando tanto la visión próxima como la lejana. Es una alteración de la transparencia, no de las estructuras nerviosas.
Diferencias en la forma en que afectan a la visión
Cada una de estas patologías modifica la visión de una manera distinta. La clave para diferenciarlas es observar qué parte del campo visual se altera y cómo cambia la claridad de la imagen.
Degeneración macular - Afecta a la visión central
La persona empieza a ver una mancha, borrosidad o distorsión justo en el centro de su mirada, lo que dificulta leer, reconocer caras o ver detalles finos. Los bordes del campo visual suelen mantenerse normales, por lo que la visión periférica permanece funcional. Es una alteración del centro, no de los laterales.
Glaucoma - Afecta a la visión periférica
El daño al nervio óptico provoca pérdidas laterales del campo visual, que comienzan de forma muy sutil y avanzan hacia el centro. El paciente puede notar que “ve bien de frente”, pero pierde visión alrededor, como si mirara a través de un tubo. Es una alteración silenciosa que afecta el perímetro de la visión.
Cataratas - Afectan a la nitidez general de la visión
La opacidad del cristalino hace que todo se vea menos nítido, como a través de un cristal empañado. La visión se vuelve borrosa, los colores pierden intensidad y se incrementa la sensibilidad a la luz. No aparece una mancha central ni pérdida periférica: se trata de una disminución global de la claridad.
Diferencias en los síntomas principales
Aunque las tres enfermedades causan pérdida de visión, los síntomas que experimenta cada paciente son muy diferentes. Esta es una de las formas más claras de distinguirlas.
Degeneración macular - Síntomas en la visión central
Aparecen manchas oscuras o borrosidad en el centro de la mirada, dificultad para leer, reconocer caras o ver detalles finos, y distorsión de líneas rectas (metamorfopsias). La visión periférica se mantiene, por lo que la persona no se queda “a oscuras”, sino que pierde precisión justo en el punto donde quiere enfocar.
Glaucoma - Síntomas silenciosos
Al inicio suele ser asintomático, y cuando aparecen síntomas ya existe daño significativo. La persona nota pérdida lateral del campo visual, visión de túnel, tropiezos o dificultad para detectar objetos situados en los bordes. En fases avanzadas puede causar dolor ocular intenso, halos alrededor de luces o náuseas (en el glaucoma agudo).
Cataratas - Síntomas de visión opaca
La visión se vuelve borrosa o “nublada”, los colores se perciben apagados y aumenta el deslumbramiento, especialmente de noche. También puede cambiar la graduación con frecuencia o aparecer dificultad para ver con poca luz. No provoca manchas centrales ni pérdida de campo periférico: simplemente todo se ve menos claro.
Diferencias en la progresión de la enfermedad
Aunque la degeneración macular, el glaucoma y las cataratas son patologías que progresan con el tiempo, lo hacen de formas muy distintas.
Edad a la que puede empezar a aparecer
- Degeneración macular: suele aparecer a partir de los 55–60 años, aunque existen formas juveniles poco frecuentes que pueden manifestarse antes. La variante asociada a la edad (DMAE) es la más común.
- Glaucoma: puede aparecer a cualquier edad, desde formas congénitas en bebés hasta glaucoma de apertura angular que se detecta con mayor frecuencia a partir de los 40 años. El riesgo aumenta claramente con la edad.
- Cataratas: prácticamente todo el mundo desarrolla algún grado de catarata con el paso de los años. Aunque lo habitual es a partir de los 65–70 años, pueden aparecer antes por factores como traumatismos, diabetes o uso prolongado de corticoides.
Velocidad de avance
- Degeneración macular: la forma seca progresa lentamente durante años, mientras que la forma húmeda puede evolucionar en semanas o meses si no se trata. Es una enfermedad de evolución variable, pero que puede causar daños significativos en poco tiempo.
- Glaucoma: es una enfermedad silenciosa y crónica, con un avance lento pero irreversible. En la mayoría de casos progresa durante años, aunque existen episodios de glaucoma agudo que avanzan de forma muy rápida y requieren atención urgente.
- Cataratas: su avance suele ser gradual, de meses a años. No dañan la retina ni el nervio óptico, solo disminuyen la claridad de la visión. Su evolución es molesta, pero no provoca un daño irreversible, ya que se solucionan con cirugía.
Factores típicos de cada patología
- Degeneración macular: edad avanzada, tabaquismo, antecedentes familiares, exposición intensa a la luz y factores genéticos. La alimentación pobre en antioxidantes y enfermedades cardiovasculares también influyen.
- Glaucoma: presión intraocular elevada, historial familiar, miopía magna, diabetes, uso prolongado de corticoides y edad. Algunos tipos también están vinculados a traumatismos o alteraciones anatómicas del ojo.
- Cataratas: envejecimiento natural, exposición solar prolongada, diabetes, tabaco, traumatismos, cirugía ocular previa o tratamientos prolongados con corticoides. La mayoría de personas las desarrollarán en mayor o menor grado.
Diferencias en el diagnóstico
Aunque a simple vista estas patologías pueden confundirse, las pruebas diagnósticas necesarias para identificarlas son muy distintas porque cada una afecta a una estructura diferente del ojo.
Degeneración macular - Diagnóstico mediante pruebas de retina
Se identifica evaluando directamente la mácula. Las pruebas más utilizadas son la OCT (tomografía de coherencia óptica), la retinografía y, en algunos casos, la angiografía. Estas permiten ver con detalle si existe daño en el tejido central de la retina, acumulación de drusas o presencia de vasos sanguíneos anómalos en la forma húmeda.
Glaucoma - Diagnóstico basado en presión intraocular y nervio óptico
El estudio se centra en medir la presión intraocular, analizar el aspecto del nervio óptico y valorar el campo visual. Las pruebas más frecuentes incluyen tonometría, campimetría y OCT del nervio óptico. Es una enfermedad que requiere confirmar tanto el daño estructural como el funcional.
Cataratas - Diagnóstico mediante examen del cristalino
Se detectan con una exploración directa mediante lámpara de hendidura, que permite observar la opacidad del cristalino. No necesitan pruebas de imagen avanzadas para confirmarse, pero sí se realizan mediciones oculares específicas cuando el paciente es candidato a cirugía.
Diferencias en el tratamiento
El tratamiento de estas tres enfermedades también es muy distinto porque cada una afecta a una estructura diferente del ojo y progresa de forma particular. Estas diferencias hacen que la estrategia terapéutica sea completamente específica en cada caso.
Degeneración macular - Tratamientos para frenar la progresión
No puede curarse con cirugía. El manejo depende del tipo de degeneración macular: en la forma húmeda se utilizan inyecciones intravítreas anti-VEGF, mientras que en la forma seca se recomiendan suplementos AREDS2, control de factores de riesgo y seguimiento con OCT. El objetivo es ralentizar la enfermedad y preservar la visión central el mayor tiempo posible.
Glaucoma - Tratamientos para reducir la presión intraocular
Su abordaje se centra en disminuir la presión del ojo para evitar daños en el nervio óptico. Puede hacerse con colirios, láser o cirugía, dependiendo del grado de afectación y de la respuesta del paciente. Aunque los tratamientos para curar el glaucoma no recuperan la visión perdida, sí detienen o ralentizan el avance de la enfermedad.
Cataratas - Tratamiento quirúrgico definitivo
No existen gotas ni medicamentos que eliminen una catarata. El único tratamiento eficaz es la cirugía de cataratas, que consiste en reemplazar el cristalino opaco por una lente intraocular. Es una intervención segura, rápida y con excelentes resultados, que devuelve claridad visual de manera estable.
¿Cuál es más grave? Diferencias en impacto y pronóstico
La gravedad de estas tres patologías no es la misma, y su impacto a largo plazo también varía según cómo afecten a la visión y si el tratamiento se inicia a tiempo.
Degeneración macular - Limitación funcional importante
Aunque no causa ceguera total, puede generar una pérdida severa de la visión central, dificultando leer, reconocer caras o realizar tareas que requieren precisión. Su pronóstico depende del tipo (seca o húmeda) y de la rapidez con la que se inicie el tratamiento. La forma húmeda, sin tratamiento, puede avanzar rápidamente y causar daños irreversibles.
Glaucoma - La más peligrosa a largo plazo si no se trata
Es considerada una de las enfermedades oculares más graves porque puede provocar ceguera irreversible al dañar el nervio óptico. Su avance es silencioso y no produce síntomas hasta fases tardías. Con tratamiento adecuado, la progresión puede controlarse, pero la visión perdida no se recupera.
Cataratas - La menos grave y con mejor pronóstico
Aunque afectan de manera notable la calidad visual, las cataratas no dañan la retina ni el nervio óptico y pueden solucionarse por completo mediante cirugía. Su pronóstico es excelente: la mayoría de pacientes recupera la visión de forma rápida y estable tras la intervención.
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