¿Se puede frenar la miopía en niños?​​

La miopía infantil no consiste únicamente en necesitar cada vez más graduación para ver bien de lejos. En la mayoría de los niños miopes, el ojo crece longitudinalmente más de lo adecuado y ese alargamiento puede continuar durante varios años.

Por este motivo, actualmente no nos limitamos a corregir la visión con unas gafas convencionales. En determinados niños podemos aplicar estrategias dirigidas específicamente a ralentizar la progresión de la miopía y el crecimiento excesivo del ojo.

Hoy disponemos de diferentes opciones, como atropina a baja concentración, gafas con diseños ópticos específicos y determinadas lentes de contacto. La evidencia científica acumulada durante los últimos años confirma que existen varias intervenciones capaces de reducir la progresión, aunque la respuesta varía de un niño a otro y ninguna garantiza detenerla completamente.

Por eso, cuando hablamos de control de la miopía en niños, el objetivo no es solamente conseguir que el pequeño vea bien hoy, sino intentar que llegue a la edad adulta con la menor cantidad de miopía posible.

¿Es posible frenar la progresión de la miopía infantil?

Sí. Actualmente existen tratamientos con evidencia científica capaces de ralentizar la progresión de la miopía infantil.

Durante mucho tiempo, el tratamiento habitual consistía en modificar la graduación de las gafas cada vez que aumentaban las dioptrías. Las gafas permitían ver correctamente, pero no estaban diseñadas específicamente para influir sobre el crecimiento del ojo.

Este enfoque ha cambiado.

Los estudios realizados durante los últimos años han demostrado que determinadas lentes oftálmicas, lentes de contacto y tratamientos farmacológicos pueden disminuir la velocidad con la que aumenta la miopía y se alarga el globo ocular. El International Myopia Institute recoge actualmente múltiples ensayos clínicos aleatorizados que respaldan diferentes modalidades de control de la miopía.

La elección debe realizarse individualmente porque no todos los niños progresan de la misma manera ni responden igual al tratamiento.

¿Se puede detener por completo?

No podemos garantizarlo.

El término control de la miopía puede generar la impresión de que disponemos de un tratamiento capaz de detener completamente el aumento de las dioptrías. En realidad, el objetivo habitual es reducir la velocidad de progresión.

Un niño puede continuar aumentando ligeramente su graduación a pesar de estar respondiendo correctamente al tratamiento.

La respuesta también puede ser distinta entre pacientes: un tratamiento muy eficaz para un niño puede tener un efecto menor en otro. Por ello, las revisiones periódicas son fundamentales para determinar si la estrategia elegida está funcionando o necesita modificarse. Las guías clínicas del International Myopia Institute señalan expresamente que ningún tratamiento actual puede garantizar detener o revertir permanentemente la progresión.

La pregunta correcta, por tanto, no es únicamente “¿ha aumentado alguna dioptría?”, sino “¿está progresando más lentamente de lo que cabría esperar sin tratamiento?”.

¿Por qué actuar durante la infancia es fundamental?

La edad de aparición tiene una importancia especial.

En general, cuanto antes aparece la miopía, más años tiene el ojo por delante para continuar creciendo y, por tanto, mayor puede ser la graduación alcanzada en la edad adulta. La edad temprana de inicio se considera uno de los principales factores asociados a una progresión más rápida durante la infancia.

Esto importa porque una miopía elevada no supone únicamente depender de unas gafas más gruesas.

A medida que aumenta la longitud del ojo y la cantidad de miopía, también aumenta a largo plazo el riesgo de determinadas enfermedades oculares relacionadas con la miopía.

Por eso, cada dioptría que podamos evitar o retrasar puede ser relevante para la salud ocular futura.

El objetivo del tratamiento es intervenir mientras el ojo todavía está creciendo, en lugar de esperar a que el niño alcance una miopía elevada para empezar a preocuparnos por su evolución.

¿Por qué aumenta la miopía en los niños?

No existe una única causa.

La miopía es el resultado de una interacción compleja entre predisposición genética, desarrollo ocular y factores ambientales. Dos niños con hábitos aparentemente similares pueden evolucionar de forma muy distinta.

Entre los factores que más tenemos en cuenta están los antecedentes familiares, la edad a la que comienza la miopía, el tiempo dedicado a actividades de cerca y el tiempo que el niño pasa al aire libre.

Factores genéticos

La genética tiene un peso importante.

Los niños con uno o ambos progenitores miopes presentan una mayor probabilidad de desarrollar miopía que aquellos sin antecedentes familiares. Tener padres miopes no significa que el niño vaya necesariamente a desarrollar el problema, pero sí constituye un factor de riesgo que conviene tener presente.

Por ello, ante antecedentes familiares importantes puede ser recomendable prestar especial atención a la evolución de la refracción incluso antes de que aparezca una miopía manifiesta.

También resulta especialmente importante controlar a los niños que desarrollan miopía a edades tempranas, porque suelen disponer de más años durante los cuales puede continuar progresando.

Uso intensivo de pantallas y visión de cerca

Las pantallas suelen recibir buena parte de la culpa del aumento de la miopía infantil, pero la cuestión es más compleja.

El problema no parece depender exclusivamente de que la actividad se realice en un móvil, una tableta o un ordenador. También intervienen el tiempo prolongado de visión cercana, las distancias de trabajo muy cortas y la ausencia de descansos.

Las recomendaciones clínicas del International Myopia Institute señalan una asociación entre mayor riesgo de miopía y actividades de cerca realizadas a distancias inferiores a aproximadamente 20 centímetros o durante periodos continuados superiores a unos 45 minutos.

Además, un metaanálisis publicado en 2025 encontró una asociación entre un mayor tiempo diario de exposición a pantallas digitales y mayores probabilidades de presentar miopía. Sus propios autores advierten, sin embargo, de que gran parte de la evidencia disponible es observacional y no permite afirmar que las pantallas sean por sí solas la causa.

Por tanto, no se trata de prohibir leer, estudiar o utilizar tecnología, sino de evitar muchas horas consecutivas de trabajo próximo y combinar estas actividades con descansos y tiempo al aire libre.

Falta de tiempo al aire libre

El tiempo al aire libre es uno de los factores ambientales sobre los que existe una evidencia más consistente.

Diferentes ensayos clínicos han mostrado que aumentar la actividad diaria al aire libre puede disminuir la incidencia de nuevos casos de miopía durante la infancia. El International Myopia Institute considera que el tiempo en exteriores continúa siendo una de las principales estrategias para reducir el riesgo de aparición de miopía.

Es importante hacer una precisión: pasar más tiempo al aire libre parece ser especialmente eficaz para prevenir o retrasar la aparición de la miopía. Una vez que el niño ya es miope, los hábitos saludables siguen siendo recomendables, pero pueden no ser suficientes como única estrategia para controlar una progresión significativa.

Por eso no sustituimos un tratamiento indicado por el oftalmólogo simplemente por “salir más a la calle”.

Tratamientos para frenar la miopía en niños

Actualmente disponemos de varias alternativas para controlar la progresión.

No existe un tratamiento universalmente mejor. Para decidir cuál utilizar valoramos factores como:

  • Edad del niño
  • Graduación actual
  • Velocidad con la que está aumentando
  • Longitud axial del ojo cuando disponemos de esta medición
  • Antecedentes familiares
  • Características de la córnea y del resto del ojo
  • Capacidad para utilizar correctamente lentes de contacto
  • Hábitos y estilo de vida
  • Tolerancia y respuesta a tratamientos anteriores

El seguimiento es tan importante como la elección inicial, porque permite comprobar objetivamente si la estrategia está funcionando.

Gotas de atropina a baja concentración

La atropina es un medicamento utilizado en oftalmología desde hace muchos años. A concentraciones bajas se ha estudiado específicamente como tratamiento para reducir la progresión de la miopía infantil.

Los ensayos clínicos muestran que determinadas concentraciones pueden disminuir tanto el aumento de las dioptrías como el alargamiento axial del ojo. La magnitud del efecto depende, entre otros factores, de la concentración utilizada y de las características del paciente.

Las concentraciones bajas pretenden conseguir un equilibrio entre eficacia y tolerancia.

Entre los posibles efectos secundarios se encuentran:

  • Escozor transitorio al aplicar la gota
  • Mayor sensibilidad a la luz
  • Dilatación pupilar
  • Dificultad para enfocar de cerca en algunos pacientes

Estos efectos dependen en parte de la concentración.

La atropina para control de miopía debe utilizarse bajo prescripción y seguimiento oftalmológico. No es recomendable elegir una concentración por cuenta propia ni mantener el tratamiento indefinidamente sin controles.

También es importante vigilar la evolución cuando se decide suspenderla, ya que en algunos tratamientos con atropina se ha descrito un cierto aumento de la progresión después de su retirada.

Gafas específicas para frenar la progresión

No todas las gafas para un niño miope funcionan de la misma manera.

Las gafas convencionales monofocales corrigen la visión borrosa de lejos, pero existen actualmente lentes diseñadas específicamente para proporcionar simultáneamente una visión central nítida y determinadas señales ópticas en otras zonas de la retina destinadas a reducir el estímulo para que el ojo continúe alargándose.

Entre ellas existen diferentes tecnologías basadas en microlentes, segmentos de desenfoque o diseños específicos de la superficie de la lente.

La evidencia ha evolucionado rápidamente. El informe de intervenciones del International Myopia Institute de 2025 identifica diez ensayos clínicos aleatorizados de diseños de gafas para control de la miopía y confirma que determinadas tecnologías pueden reducir de forma significativa el crecimiento axial.

Una de sus principales ventajas es que resultan sencillas de utilizar, especialmente en niños pequeños que todavía no están preparados para manipular lentes de contacto.

Es fundamental que el diseño esté correctamente centrado y que la montura permanezca bien ajustada, ya que el niño debe mirar a través de las áreas previstas de la lente.

Lentillas de desenfoque periférico

También existen lentes de contacto blandas diseñadas específicamente para el control de la miopía.

Algunas utilizan un diseño de doble foco o multifocal que permite corregir la miopía en la zona central mientras genera simultáneamente un desenfoque óptico controlado en otras zonas de la retina.

Este tipo de lentes no debe confundirse con una lentilla convencional utilizada únicamente para sustituir a las gafas.

Los ensayos clínicos disponibles muestran que determinadas lentes de contacto blandas multifocales o de doble foco pueden reducir la progresión y el crecimiento axial del ojo durante la infancia. El informe del International Myopia Institute de 2025 recopila 14 ensayos clínicos realizados con este tipo de diseños.

La edad no es el único criterio para decidir si un niño puede utilizarlas.

También debemos valorar:

  • Su grado de autonomía
  • La higiene
  • La capacidad para ponerlas y retirarlas correctamente
  • El apoyo familiar
  • La salud de la superficie ocular
  • El cumplimiento de las instrucciones

Las lentes de contacto requieren una higiene estricta porque un uso inadecuado aumenta el riesgo de infecciones corneales.

¿Qué tratamiento es el más adecuado según la edad?

No existe una tabla rígida que establezca un tratamiento obligatorio para cada edad.

Un niño pequeño puede beneficiarse de unas gafas específicas para control de miopía porque resultan fáciles de utilizar. En determinados pacientes también puede considerarse atropina a baja concentración.

A medida que el niño adquiere madurez y responsabilidad suficiente para manipular correctamente lentes de contacto, estas pueden convertirse en otra alternativa.

Pero la edad cronológica es solo una parte de la decisión.

Un niño de ocho años con una progresión rápida, antecedentes familiares importantes y aparición precoz de miopía puede necesitar una estrategia más activa que otro de doce años cuya graduación apenas cambia.

Precisamente la edad temprana de inicio se asocia con mayor velocidad de progresión, por lo que ser pequeño no es necesariamente una razón para retrasar el control de la miopía.

En algunos pacientes también puede ser necesario modificar el tratamiento o combinar estrategias si la evolución no está suficientemente controlada.

Hábitos que ayudan a controlar la miopía

Los hábitos visuales saludables son una parte importante del manejo de la miopía infantil, aunque no deben considerarse un sustituto de los tratamientos específicos cuando estos están indicados.

El objetivo es proporcionar al niño un entorno visual equilibrado: estudiar, leer y utilizar dispositivos cuando sea necesario, pero evitando periodos excesivamente largos de trabajo próximo y favoreciendo las actividades en exteriores.

Más tiempo jugando al aire libre

Una de las recomendaciones más sencillas consiste en aumentar el tiempo que el niño pasa al aire libre.

No tiene que tratarse necesariamente de practicar un deporte. Jugar, caminar, ir al parque o realizar cualquier actividad habitual en exteriores también aumenta la exposición al entorno exterior.

Los estudios de intervención han demostrado que incrementar el tiempo al aire libre puede reducir la aparición de nuevos casos de miopía infantil.

Como orientación general, resulta razonable intentar que el niño pase alrededor de dos horas al día en exteriores, siempre dentro de las posibilidades de la familia y aplicando las medidas habituales de protección solar.

Y cuanto antes se incorpore este hábito, mejor.

Descansos durante el uso de pantallas

No necesitamos demonizar la tecnología.

Los ordenadores y dispositivos forman parte del aprendizaje y de la vida cotidiana. Lo que debemos evitar es que un niño pase horas mirando de cerca sin interrumpir la acomodación ni cambiar la distancia de enfoque.

Una pauta sencilla consiste en hacer descansos frecuentes y mirar durante unos minutos hacia objetos alejados.

Podemos utilizar la conocida regla 20-20-20 como recordatorio práctico: cada 20 minutos de trabajo próximo, dirigir la mirada durante unos 20 segundos hacia algo situado aproximadamente a 20 pies, unos seis metros.

No debemos interpretar esta regla como un tratamiento médico capaz por sí mismo de frenar la miopía. Su utilidad está en fomentar cambios frecuentes de enfoque y evitar periodos prolongados e ininterrumpidos de visión próxima.

Distancia e iluminación adecuadas al leer o estudiar

También importa cómo utiliza el niño su visión de cerca.

Es recomendable evitar que lea con el libro prácticamente pegado a la cara o utilice el móvil a muy poca distancia.

Como referencia práctica:

  • Mantener libros y cuadernos aproximadamente a la distancia del antebrazo
  • Evitar acercar excesivamente teléfonos y tabletas
  • Utilizar una mesa y una postura adecuadas
  • Trabajar con iluminación suficiente
  • Combinar luz ambiental con una buena iluminación de la zona de estudio
  • Realizar descansos cuando la actividad próxima sea prolongada

Las guías clínicas relacionan especialmente las distancias de lectura inferiores a 20 centímetros y los periodos continuados superiores a unos 45 minutos con mayor riesgo de miopía.

Mitos sobre el aumento de la miopía

La miopía infantil genera muchas dudas entre las familias y algunas ideas equivocadas continúan transmitiéndose de generación en generación.

Conviene aclararlas porque determinadas decisiones aparentemente bienintencionadas pueden no aportar ningún beneficio e incluso dificultar que el niño tenga una visión adecuada.

¿La miopía aumenta por no llevar gafas?

No debemos dejar deliberadamente a un niño miope con menos graduación de la que necesita pensando que así “trabajará el ojo” y frenará la miopía.

Los estudios sobre infracorrección no han demostrado que esta estrategia controle la progresión y algunos incluso han observado una evolución peor. Por ello, las recomendaciones clínicas aconsejan que los niños utilicen correctamente su corrección óptica.

Una cuestión diferente es utilizar gafas específicamente diseñadas para control de miopía, que emplean una tecnología óptica distinta y no consisten simplemente en poner menos graduación.

¿Usar gafas hace que el ojo se vuelva dependiente?

No.

Las gafas no convierten al ojo en dependiente ni hacen que pierda la capacidad de ver por utilizarlas.

Lo que sucede es que la miopía suele progresar durante los años de crecimiento. Si un niño comienza con una dioptría y unos años después necesita tres, no significa que las gafas hayan producido esas dos dioptrías adicionales.

La corrección simplemente permite enfocar correctamente la imagen sobre la retina.

De hecho, dejar deliberadamente al niño mal corregido no constituye una estrategia recomendada para frenar el crecimiento de la miopía.

¿Las pantallas son la única causa del aumento de la miopía?

No.

Existe una asociación entre un mayor uso de pantallas y la miopía, pero la enfermedad es multifactorial.

Influyen la genética, la edad de aparición, el tiempo al aire libre, la cantidad y características del trabajo de cerca y otros factores ambientales.

Además, utilizar menos el móvil para dedicar exactamente esas mismas horas a leer un libro a 15 centímetros de distancia probablemente no resuelva el problema.

El enfoque más razonable consiste en gestionar el conjunto de actividades de visión cercana y aumentar el tiempo al aire libre.

¿La miopía siempre deja de aumentar al terminar la adolescencia?

No necesariamente.

La velocidad de progresión suele reducirse conforme aumenta la edad, pero no existe un cumpleaños concreto en el que podamos afirmar que la miopía se detendrá.

En algunas personas puede continuar aumentando al comienzo de la edad adulta. El International Myopia Institute ha documentado que tanto la aparición como la progresión de la miopía pueden continuar durante los primeros años adultos.

Por eso hablamos de estabilidad refractiva comprobada, no simplemente de haber cumplido 18 años.

Las revisiones permiten comprobar si la graduación realmente permanece estable.

¿Comer zanahorias o tomar vitaminas evita que aumente la miopía?

Una alimentación equilibrada es importante para la salud general y ocular del niño, pero no existe una vitamina ni un alimento capaz de detener el crecimiento axial responsable de la miopía infantil.

Las zanahorias aportan betacarotenos, precursores de la vitamina A, que es necesaria para el funcionamiento normal de la visión. Eso no significa que comer más zanahorias reduzca las dioptrías o sustituya un tratamiento de control de la miopía.

Los tratamientos respaldados actualmente por ensayos clínicos incluyen determinadas estrategias ópticas y farmacológicas, además de las recomendaciones relacionadas con el entorno visual y el tiempo al aire libre.

Los suplementos vitamínicos tampoco deberían administrarse con el objetivo de frenar la miopía salvo que exista otra indicación médica específica.

¿La cirugía láser evita que la miopía siga aumentando?

No.

La cirugía refractiva modifica el poder óptico del ojo —habitualmente actuando sobre la córnea— para corregir las dioptrías, pero no es un tratamiento destinado a controlar el crecimiento del globo ocular durante la infancia.

Por este motivo, la cirugía refractiva no constituye el tratamiento habitual de la miopía infantil y, salvo situaciones oftalmológicas excepcionales, se plantea cuando el paciente ya ha alcanzado una edad adecuada y la graduación se ha estabilizado.

Operar una graduación que todavía está aumentando no elimina la causa de esa progresión.

Por tanto, durante la infancia el objetivo debe ser distinto: corregir adecuadamente la visión y, cuando esté indicado, intentar controlar el crecimiento de la miopía.

¿Cuándo empezar el control de la miopía en niños?

No debemos esperar a que el niño tenga muchas dioptrías.

Una vez diagnosticada la miopía, conviene valorar desde el principio su riesgo de progresión. Especialmente importante es hacerlo cuando:

  • La miopía aparece a una edad temprana
  • Está aumentando rápidamente
  • Uno o ambos padres son miopes
  • El niño pasa muchas horas realizando actividades de cerca
  • Pasa poco tiempo al aire libre
  • Ya presenta una graduación considerable para su edad
  • Existe un aumento significativo de la longitud axial del ojo
  • Hay antecedentes de miopía elevada en la familia

La aparición precoz es especialmente relevante porque los niños más jóvenes tienden a presentar una progresión más rápida.

Una valoración completa puede incluir graduación con cicloplejia cuando esté indicada, agudeza visual, exploración ocular, evaluación binocular y, cuando se dispone de ella y resulta útil, medición de la longitud axial.

Después estableceremos un seguimiento periódico.

No existe una frecuencia idéntica para todos los niños. Un paciente con miopía estable puede requerir controles diferentes a otro que está progresando rápidamente o acaba de iniciar un tratamiento específico.

Lo importante es detectar la progresión mientras todavía podemos actuar sobre ella.

Oftálica: clínica especializada en oftalmología infantil

En Oftálica abordamos la miopía infantil no solamente desde el punto de vista de la graduación, sino teniendo en cuenta cómo está evolucionando el ojo del niño y cuál es su riesgo de progresión.

Dentro de nuestra unidad de oftalmología pediátrica podemos realizar una valoración completa de la visión infantil, determinar si existe miopía y estudiar su evolución para decidir si resulta conveniente aplicar una estrategia específica de control. Oftálica dispone de un área específica dedicada a la oftalmología infantil.

Cuando está indicado, valoramos las diferentes alternativas disponibles de acuerdo con la edad, graduación, velocidad de progresión, características del ojo y necesidades de cada niño.

Porque corregir la miopía y controlar la miopía no significan exactamente lo mismo.

Las gafas permiten que un niño miope vea bien. El control de la miopía pretende, además, intentar que esa graduación aumente lo menos posible durante los años de crecimiento.

Cuanto antes conocemos cómo está evolucionando, antes podemos decidir si basta con observar y mantener buenos hábitos visuales o si conviene iniciar un tratamiento específico para intentar preservar su salud ocular a largo plazo.

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